
... El viernes 24 de abril se acabó el contacto.
"No beso ni a mis hijas". Dijo mi hermana por teléfono. Más que la epidemia de la gripa porcina en sí, la verdadera pandemia es de miedo.
En una semana he recibido no menos de 40 correos electrónicos haciendo alusión a la Influenza. La gran mayoría, "exponiendo" las verdades de una gran conspiración entre Barack Obama, el G8 y Felipe Calderón. Un nuevo zeitgeist. Todas, tesis que "espantan" más por su inviabilidad y ocio que por sostener una tesis real.
La gente ha dejado de salir, de pensar, de hablar de otra cosa que no sea "a dónde vamos a ir a parar". Los funcionarios no ayudan. "La verdad -dijo el especialista epidemiólogo en Primero noticias-, es que tendremos que aprender a vivir con esto". Salubridad federal lo confirma. "Cede pero no disminuye".
Y lo impresionante, que no sorprende, es que en el estado del "no pasa nada". Todos son "casos aislados" de neumonía atípica.
El miedo, es la desinformación.
Pedí a amigos que dejaran de mandar mails de "la verdad está allá afuera". Si Barack, los springbreakers, los vulcanos o el chupacabras son culpables de la epidemia, lo cierto es que "allá arriba", en el vecino país; la gente nos ve diferente. Nos teme. Se nos aleja. Limpia cuando dejamos una mesa. "La mujer de 60 años, refirió haber viajado a México". Sin contexto. Quien sabe si sus víctimas vinieron a obtenerla, a dejarla, viajaron hace 20 años y tienen una memoria inmunológica bárbara. Lo que sí se es que no encuentro gel, tapabocas, toallitas desinfectantes ni nada de lo que te dicen que compres. Todo, hasta en el barrio chino de San Francisco, está agotado.
Y dejamos de abrazar a nuestros padres, a nuestros hermanos. A la gente que no hemos visto en años. Cuidamos de toser en lugares públicos. Cerramos las escuelas, como si nuestros niños pudieran darse el lujo de dos semanas menos de clases. Paramos actividades económicas. Como si pudiéramos asistir a cobrar cheques de seguridad social a alguna oficina de gobierno.
En chile, un futbolista mexicano le escupe a otro -chileno- por haber sido discriminados. En California, le cierran el registro a maratonistas mexicanos. En Alemania, parientes reciben con guantes de latex a sus seres queridos, los regresan por donde vinieron.
Salen corridos, canciones, bromas, camisetas. No falta quien hace negocio del negocio de la gripa porcina.
Pero nos quedamos con el miedo. Así como hace años el paludismo, el sarampión y la polio que azotó a nuestros padres y abuelos. Sólo queda el miedo.